A finales de febrero, una nueva escalada militar en Oriente Medio volvió a sacudir una región que ya llevaba meses marcada por tensiones geopolíticas. Tras varios días de aumento de la tensión entre Irán, Estados Unidos e Israel, la situación terminó derivando en ataques y respuestas militares que provocaron una rápida reacción internacional.
Más allá del debate político y jurídico —que para muchos analistas plantea serias dudas sobre el respeto al derecho internacional y la soberanía de los Estados— la realidad es que miles de personas quedaron atrapadas en medio de un conflicto que no era suyo.
Uno de los efectos inmediatos fue el impacto en el transporte aéreo internacional. El espacio aéreo comenzó a sufrir restricciones, cancelaciones masivas y cambios de rutas.
Nosotros estábamos allí cuando todo ocurrió.
Lo que debía ser un simple regreso a Europa terminó convirtiéndose en seis días de cancelaciones, incertidumbre, detonaciones en la ciudad y una lucha desesperada por conseguir un vuelo de vuelta.
Un viaje normal que terminó en una situación inesperada
Nuestro viaje a Emiratos Árabes había transcurrido con total normalidad. Pasamos cuatro días en Dubai y después nos trasladamos a Abu Dhabi, donde planeábamos pasar tres días más antes de regresar a Europa.
Nuestro vuelo de regreso estaba programado para el 1 de marzo, con escala en Estambul. Pero el 28 de febrero recibimos un correo electrónico de Turkish Airlines informándonos de que el vuelo había sido cancelado. En el mensaje nos indicaban que debíamos entrar en la aplicación de la aerolínea para intentar reprogramarlo.
Cuando abrimos la aplicación descubrimos que la fecha más cercana disponible era el 3 de marzo. Eso significaba quedarnos dos noches más en Abu Dhabi.

Ampliar la estadía antes de quedarnos sin habitación
Después de reprogramar el vuelo corrimos a la recepción del hotel para extender nuestra estancia. Teníamos miedo de que, con la situación que empezaba a desarrollarse en la región, el hotel se quedara sin disponibilidad.
En ese momento vimos algo que nos llamó mucho la atención. Al revisar Booking.com, comprobamos que el precio por noche del hotel se había duplicado respecto a lo que habíamos pagado inicialmente.
Ante ese panorama decidimos asegurar la habitación lo antes posible. Ya no contratamos el all inclusive que teníamos originalmente, sino un full board, que resultaba algo más económico.
Intentamos mantener la calma. Pensábamos que en dos días podríamos salir del país.
Intentando contactar con la aerolínea
Intentamos hablar con Turkish Airlines para entender qué estaba pasando. Llamamos a distintos centros de atención al cliente, incluyendo la central en Turquía y otras oficinas internacionales. Las respuestas eran siempre las mismas: nadie tenía información clara.
En teoría, cuando una aerolínea cancela un vuelo debe hacerse cargo de varios gastos del pasajero, como: alojamiento, comidas, transporte, asistencia.
Pero en este caso la respuesta era siempre ambigua. Debido al contexto del conflicto, nos dijeron que no podían confirmar qué gastos cubriría la aerolínea ni cómo se gestionaría la situación.
La segunda cancelación
Poco después llegó otra cancelación de Turkish Airlines. Volvimos a entrar en la aplicación y conseguimos reprogramar el vuelo nuevamente, esta vez para el 6 de marzo.
Fue entonces cuando descubrimos algo inesperado. Había un comunicado del Ministerio de Cultura y Turismo, emitido el 28 de febrero, indicando que el gobierno cubriría los gastos de alojamiento de los turistas afectados por cancelaciones de vuelos debido al conflicto.
El hotel conocía ese comunicado desde el 28 de febrero, pero nadie nos había informado, y para entonces nosotros ya habíamos pagado dos noches adicionales de nuestro bolsillo.
Mientras tanto, al volver a mirar los precios del hotel en Booking.com, descubrimos algo todavía más sorprendente: Los precios se habían triplicado.

Cuando solicitamos ampliar la estancia en el hotel tras la segunda cancelación del vuelo, nos informaron que, según el Ministerio de Cultura y Turismo, solo se cubrirían dos noches de alojamiento y únicamente la habitación, sin incluir las comidas. Aquello nos pareció ilógico. Si el Ministerio estaba extendiendo la estancia de los turistas afectados por las cancelaciones, lo lógico era que se hiciera en las mismas condiciones que la reserva original.
En nuestro caso habíamos contratado una estancia con full board, por lo que entendíamos que cualquier extensión debía mantenerse en esas mismas condiciones. Además, tampoco tenía sentido limitar la ayuda a dos noches si el problema de los vuelos seguía sin resolverse: si necesitábamos tres noches más hasta que saliera el vuelo, lo razonable era que se cubrieran esas tres noches. Después de varias reclamaciones y de enviar varios correos electrónicos explicando la situación, finalmente nos llamaron desde recepción para decirnos que, como cortesía del hotel, nos extenderían tres noches con full board.
Aquello nos dejó una sensación amarga, porque daba la impresión de que el hotel estaba intentando ofrecer inicialmente lo mínimo posible a los huéspedes, esperando que muchos lo aceptaran sin reclamar. Y quienes insistían o protestaban terminaban recibiendo lo que realmente correspondía. En medio de una situación ya de por sí angustiante —sin saber cuándo podríamos regresar a casa— también teníamos que dedicar tiempo y energía a gestionar estas reclamaciones y a intentar que no se aprovecharan de nuestra situación.
La tercera cancelación
Cuando pensábamos que al menos podríamos salir el 6 de marzo, llegó la tercera cancelación de Turkish Airlines. Al revisar la aplicación descubrimos que la única opción disponible era reprogramar el vuelo para el 10 de marzo. Eso suponía nueve días de retraso respecto a nuestro vuelo original.
En ese momento entramos en un estado de desesperación.
Intentando salir con Emirates
Observando la situación parecía que Emirates y Etihad eran las únicas aerolíneas que seguían operando vuelos con relativa normalidad.
Por eso decidimos comprar un vuelo con Emirates hacia Lisboa, que salía desde Dubai. Pagamos aproximadamente 1.500 € por los dos. Pero pocas horas después el vuelo fue cancelado.
Intentar contactar con atención al cliente era imposible. En un grupo de WhatsApp de viajeros afectados alguien comentó que había tenido que llamar 471 veces antes de que le respondieran.
Fuimos directamente a una oficina de la aerolínea. Allí nos explicaron que, debido a la situación, ya no se podía hacer nada online: ni reprogramar vuelos, ni hacer check-in, ni gestionar transporte hacia Dubai.
Incluso el autobús que conecta Abu Dhabi con Dubai había sido suspendido.
Finalmente nos reprogramaron el vuelo para el 9 de marzo.
Un tercer intento: Etihad
En medio de la desesperación decidimos comprar otro vuelo, esta vez con Etihad, con destino Roma. Costó aproximadamente 2.500 € para dos personas.
Pero durante la noche del 5 de marzo ese vuelo también fue cancelado.
Ese día fue probablemente el peor de todo el viaje porque el hotel nos había comunicado que solo podían extender la estadía hasta el 9 de marzo ya que a partir de ese día el Ministerio de Cultura y Turismo no se iba a hacer cargo de nada más.
Esa noche también llovieron los misiles y se escucharon detonaciones como nunca.

La madrugada del 6 de marzo
A las 4 de la madrugada del 6 de marzo, revisando nuevamente las opciones de vuelos, encontramos una posibilidad. Un vuelo de Abu Dhabi a Madrid. El precio era casi 4.800 € para dos personas en clase económica.
En circunstancias normales jamás habríamos pagado algo así.
Pero después de tantos días de cancelaciones y sin ninguna garantía de poder salir, decidimos comprarlo. Pudimos hacer el check-in sin problema.
Detonaciones incluso en el aeropuerto
Incluso en el aeropuerto la tensión era constante. Mientras hacíamos fila para embarcar se escucharon detonaciones y tuvimos que salir corriendo a resguardarnos.
En ese momento yo estaba completamente desesperada. No me quedé tranquila hasta que el avión llevaba más de una hora en el aire.
Curiosamente nunca tuve miedo de que algo nos ocurriera en tierra, pero sí tenía un miedo muy concreto: que un misil impactara el avión durante el despegue o el vuelo.
Vivir un conflicto desde dentro
Durante todos esos días se escuchaban detonaciones diariamente en la ciudad. En varias ocasiones vimos misiles siendo interceptados en el cielo.
El primer día incluso vimos uno interceptado frente a la playa del hotel.
Cuando el dinero se convierte en la única salida
Una de las cosas más duras de esta experiencia fue comprobar cómo, en situaciones como esta, todo termina dependiendo del dinero. Nosotros pudimos pagar ese vuelo porque teníamos ahorros. Pero muchas personas no pueden hacerlo.
Mientras los días pasaban: los precios de los hoteles subían, los vuelos eran cada vez más caros, las opciones eran cada vez menores.
Llegamos a ver en redes sociales testimonios de personas que hablaban de vuelos de hasta 10.000 € en clase económica.
El impacto emocional después de todo
Cuando finalmente llegamos a Europa, el impacto de todo lo vivido todavía estaba muy presente. Durante días habíamos vivido con miedo, incertidumbre y una sensación constante de no saber cuándo podríamos volver a casa.
Habíamos perdido completamente las ganas de viajar.
Teníamos otro viaje programado de 24 días por Estados Unidos, pero después de todo lo ocurrido lo único que queríamos era cancelarlo todo y quedarnos en casa.
Cuando el mundo atraviesa momentos tan inestables, uno empieza a darse cuenta de lo frágil que puede ser algo tan simple como regresar a casa después de unas vacaciones.
Reflexión final: lo que realmente significa quedar atrapado en una crisis internacional
Después de vivir una experiencia como esta, una de las conclusiones más claras es que, como viajero, hay que ser muy consciente de algo que muchas veces no se dice con suficiente claridad: en situaciones de crisis internacional estás solo.
Los seguros de viaje, en la mayoría de los casos, no cubren situaciones derivadas de conflictos bélicos o crisis geopolíticas. Las embajadas tampoco hacen mucho más allá de emitir recomendaciones o facilitar información general. En la práctica, eso significa que, si quedas atrapado en una situación como esta, tendrás que asumir los gastos por tu cuenta.
Lo ocurrido en Emiratos Árabes fue, en cierto modo, una excepción. El hecho de que el Ministerio de Cultura y Turismo cubriera parte de los gastos de alojamiento de los turistas fue algo muy poco habitual. En el resto de países, los viajeros pagaron absolutamente todo de su bolsillo.
Y no solo eso: también hay que tener en cuenta que, en este tipo de situaciones, los precios empiezan a subir de forma desproporcionada. Los hoteles aumentan las tarifas, los vuelos se disparan y las opciones disponibles se reducen cada vez más. En nuestro caso terminamos pagando casi 5.000 € por 2 pasajes de ida en clase económica, una cifra que en cualquier circunstancia normal sería impensable.
Pero incluso pagando ese tipo de precios nadie te garantiza que vayas a poder volver a casa.
Durante esos días hablamos con un viajero alemán que se alojaba en nuestro mismo hotel. Nos explicó que Alemania estaba organizando vuelos de repatriación, pero que aun así había personas que no estaban siendo incluidas. Lo más sorprendente era que, según él, esos vuelos habían salido con asientos vacíos, algo difícil de entender en una situación de emergencia.
En nuestro vuelo con Etihad había muchísimos asientos libres, lo que generaba aún más preguntas. Cuando miles de personas están intentando salir del país, resulta difícil comprender por qué no se llenan todos los vuelos disponibles.
El entendimiento es que, la prioridad no la tienen quienes llevan días esperando una solución, sino quienes pueden pagar más dinero por un billete en el último momento.
Por eso, si algo hemos aprendido de todo esto es que viajar hoy en día ya no significa simplemente tener el presupuesto suficiente para unas vacaciones. También significa estar preparado para la posibilidad —aunque parezca remota— de que ocurra algo completamente fuera de tu control.
Si eso sucede, debes asumir que tendrás que resolverlo por tu cuenta, pagar precios desorbitados y enfrentarte a una situación para la que nadie te prepara cuando viajas.
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