En los últimos meses he ido contando en este blog las distintas reclamaciones que hemos presentado ante el Concello de Cenlle desde que compramos nuestra casa. En tres posts anteriores relaté, con detalle, problemas relacionados con el estado de los caminos, el abandono del espacio público, la falta de mantenimiento de elementos básicos como bancos o fuentes y una gestión municipal que, en la práctica, parece inexistente.
No se trata de una queja aislada ni de un episodio puntual. Es una acumulación de reclamaciones formales que, lejos de resolverse, han ido encadenándose sin respuesta.
A inicios de febrero de 2026, ninguna de las reclamaciones presentadas había sido solucionada. En todos los casos habían transcurrido los tres meses legales sin contestación, lo que nos obligó a presentar recursos por silencio administrativo. Paralelamente, tuvimos que recurrir al Valedor do Pobo de Galicia para intentar obtener, al menos, algún tipo de reacción por parte del Concello.
El patrón fue siempre el mismo: no responden a las llamadas, no responden a los correos electrónicos, no responden a las reclamaciones. Una inexistencia administrativa absoluta.
Promesas cambiantes y plazos que nunca se cumplen
Cuando finalmente se veían forzados a responder, las contestaciones no traían soluciones reales, sino excusas y plazos que se ampliaban continuamente.
En una de las primeras respuestas nos aseguraron que antes de que terminara 2025 se asfaltaría de nuevo toda la calle. El año terminó y no ocurrió absolutamente nada. Más adelante, al reclamar por la peligrosidad de unos bancos públicos mal colocados —inestables, apoyados sobre piedras y sin anclar al suelo— nos contestaron que “cuando se arreglara la calle” también se colocarían correctamente los bancos. En esa ocasión, el nuevo plazo ya se situaba entre enero y febrero de 2026.
Con respecto a la fuente de la aldea, completamente abandonada, la respuesta fue todavía más reveladora: el Concello afirmaba tener una subvención aprobada desde hacía aproximadamente dos años para su arreglo. A inicios de febrero de 2026, años después, la fuente seguía exactamente igual.
El caso más grave: el vertido ilegal de aguas pluviales
Pero entre todas las reclamaciones hubo una que, desde el principio, era claramente la más importante y urgente.
Nuestra terraza recibe la caída directa de las aguas pluviales de un techo que no tiene canaleta. Algo que ya es ilegal por sí mismo. Con el tiempo, además, descubrimos que una segunda vivienda vertía sus aguas sobre ese mismo techo, de modo que las aguas de dos cubiertas distintas acababan cayendo directamente sobre nuestra terraza.
La Ley del Suelo de Galicia es clara en estos casos: el ayuntamiento tiene la obligación de intervenir, requerir a los propietarios responsables para que solucionen el problema y, si no lo hacen, ejecutar la obra de forma subsidiaria y repercutir después el coste a los propietarios infractores.
A pesar de ello, el Concello no respondió dentro de los plazos legales, no actuó y no dio ninguna solución. Una vez más, hubo que presentar recurso y elevar la reclamación al Valedor do Pobo de Galicia para que el ayuntamiento hiciera su trabajo.
Silencio incluso ante el Valedor do Pobo
La respuesta del Valedor do Pobo fue especialmente significativa. Nos informaron de que volvían a remitir el escrito al Concello de Cenlle porque había pasado el plazo y el ayuntamiento no les había contestado.
Es decir, ya no se trataba solo de ignorar al ciudadano, sino de no responder ni siquiera a un organismo oficial cuya función es supervisar la actuación de las administraciones públicas. El silencio administrativo se había convertido en silencio institucional.
Un contexto que lo explica todo
Como si todo lo anterior no fuera suficiente, a finales de 2025 nos enteramos de que el Concello de Cenlle estaba implicado en un caso de presunta corrupción relacionado con la gestión de fondos públicos durante años, denunciado por la oposición ante los tribunales.
La confirmación llegó en febrero de 2026, cuando regresamos a la casa de Ourense y encontramos esta comunicación oficial del BNG de Cenlle. En ella se informaba de que el Concello había sido sancionado con la mayor multa de su historia, cercana al medio millón de euros, por no pagar durante más de una década el canon del agua a Augas de Galicia y a TRAGSA.

El propio comunicado hablaba de negligencia grave, falta de control, irregularidades contables y un perjuicio económico histórico para la vecindad. Dinero público cuyo destino, según se indicaba, ni siquiera estaba claro.
Este contexto no justifica nada, pero ayuda a entender muchas cosas. Ayuda a entender por qué no se responden reclamaciones, por qué se incumplen plazos, por qué se prometen obras que nunca llegan y por qué la sensación constante es la de un ayuntamiento ausente o incapaz de cumplir con sus obligaciones más básicas.
Abril de 2026: una cadena de denuncias sin precedentes
Lejos de producirse alguna mejora, el mes de abril de 2026 marcó un punto de máxima tensión en esta situación.
A finales de marzo habíamos acondicionado uno de nuestros terrenos, plantando cipreses, rosales y otras especies. Sin embargo, al regresar a la vivienda entre los días 11 y 12 de abril, comprobamos que gran parte de las plantaciones habían muerto de forma repentina y anómala. Tal y como se recoge en la denuncia presentada, los daños afectaban principalmente a las zonas colindantes con la vía pública, mientras que las plantas situadas en zonas protegidas permanecían intactas, lo que apunta a una acción externa y deliberada compatible con la aplicación de herbicida.
Ante la gravedad de los hechos, el 14 de abril presentamos denuncia formal ante la Guardia Civil, solicitando la apertura de una investigación, la identificación de los responsables y la adopción de medidas para evitar su repetición.

Paralelamente, ese mismo mes recibimos una nueva comunicación del Valedor do Pobo en la que se confirmaba que el Concello de Cenlle seguía sin responder a sus requerimientos, obligando al organismo a reiterar nuevamente la solicitud, recordando el deber legal de colaboración de la administración.
El 15 de abril denunciamos nuevamente la ocupación de la plaza pública ante la Guardia Civil y la Xunta de Galicia, tras meses de inacción municipal pese a existir un recurso de reposición previo por silencio administrativo. Ese mismo día, remitimos un ultimátum al Concello de Cenlle advirtiendo de que, en ausencia de respuesta, iniciaríamos un recurso contencioso-administrativo ante los tribunales.
También interpusimos un nuevo recurso de reposición por el problema de las aguas pluviales, que continúa sin resolverse tras casi un año de reclamaciones. El vertido procede de varias viviendas y genera humedades, filtraciones estructurales, deterioro del pavimento y riesgos para la seguridad, sin que se haya producido intervención administrativa alguna.
La escalada continuó el 16 de abril, cuando presentamos denuncia ante la Xunta de Galicia, la Guardia Civil y el propio Concello por una situación de especial gravedad ambiental: la acumulación masiva de restos vegetales, tala de arbolado en terreno ajeno y posible uso incontrolado de herbicidas, generando un riesgo real de incendio forestal en una zona próxima a viviendas.

A todo ello se suma una cuestión que, lejos de resolverse, sigue evidenciando la inacción municipal: la fuente patrimonial de la aldea. Esta ya había sido objeto de reclamación formal en 2025 por su estado de abandono, y posteriormente se confirmó que la Xunta de Galicia había autorizado su reconstrucción en septiembre de 2024. Sin embargo, a día de hoy, la intervención no se ha ejecutado, pese a existir autorización administrativa expresa para ello.
El 27 de abril de 2026 recibimos, por fin, respuesta del Concello de Cenlle a dos de nuestras reclamaciones. Por un lado, se estima nuestro recurso y se reconoce la ocupación indebida de un espacio público, ordenando la retirada de los enseres en un plazo de 10 días. Por otro, el Concello admite el deterioro de la fuente tradicional y comunica que su restauración está prevista en los próximos meses.


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