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Compramos casa en Ourense: destruyen nuestras plantaciones con herbicida

A finales de marzo de 2026 iniciamos una nueva etapa en nuestras propiedades situadas en una pequeña aldea de Galicia. Entre los días 28 y 29 realizamos trabajos de limpieza y plantamos cipreses, rosales y otras especies.

Cuando nos marchamos, todo estaba en perfecto estado.

Mi vecina quedó encargada del riego y durante la semana del 6 de abril comenzaron a detectarse los primeros signos de que algo no iba bien. Las plantas empezaban a secarse pese a estar siendo cuidadas correctamente. No era un deterioro progresivo. Era rápido, irregular y anómalo.

Al regresar el fin de semana del 11 y 12 de abril, la situación era evidente. Los cipreses recién plantados presentaban un secado uniforme en cuestión de días. Los rosales estaban completamente muertos. En distintas zonas, la vegetación mostraba signos claros de daño: hojas quemadas, tallos deteriorados y pérdida total de vitalidad.

Pero lo más revelador no era solo el daño, sino su patrón.

Las plantas situadas en zonas expuestas al camino y a los límites de mi propiedad aparecían secas o “quemadas”. Sin embargo, aquellas protegidas por muros o ubicadas en zonas interiores permanecían intactas. Este mismo comportamiento se repetía en mis diferentes parcelas.

En la zona del viñedo, las franjas más cercanas a la vía presentaban vegetación completamente seca, mientras que a pocos metros las plantas seguían verdes. En otra parcela con una pequeña construcción de piedra, cinco cipreses aparecieron totalmente deteriorados. Incluso en terrenos colindantes, algunos de ellos abandonados, se observaban patrones similares de secado.

Las imágenes documentadas reflejan con claridad este fenómeno: líneas definidas de vegetación afectada, daños concentrados en bordes accesibles y contraste evidente con zonas no expuestas.

No se trataba de un problema de riego ni de condiciones climáticas. Durante esos días hubo precipitaciones y las plantas habían sido atendidas. Todo apuntaba a una causa externa, a que alguien había matado nuestras plantas.

Ese mismo 11 de abril plantamos dos nuevos cipreses junto a los dañados, con la intención de comprobar si el problema persistía. A día de hoy, esos ejemplares continúan en buen estado. Este hecho refuerza una conclusión clara: lo ocurrido no responde a causas naturales.

A medida que analizábamos la situación, detectamos algo aún más preocupante. El daño no se limitaba a nuestras propiedades. Se extendía también a dos parcelas cercanas en estado de abandono —cuyos propietarios habían fallecido— donde la vegetación presentaba el mismo patrón de secado.

Todo ello sugiere una aplicación reiterada de herbicida en distintas zonas accesibles desde la vía pública.

Ante estos hechos, entre los días 14, 15 y 16 de abril de 2026 presentamos denuncias formales ante la Guardia Civil, el SEPRONA, el Concello de Cenlle y la Xunta de Galicia, además de remitir comunicación a la fiscalía provincial de Ourense.

Las denuncias incluyen la cronología de los hechos, la identificación de las parcelas afectadas y un amplio registro fotográfico. También se solicita una inspección técnica del suelo para determinar la posible presencia de sustancias químicas.

Porque lo ocurrido no es un simple daño puntual.

El uso indebido de herbicidas en entornos rurales puede afectar a cultivos, contaminar el suelo, dañar ecosistemas y suponer un riesgo para animales y personas. En zonas donde la vida depende directamente del entorno, estas prácticas tienen consecuencias que van mucho más allá de lo material.

Además, existe un factor que no puede ignorarse: el contexto.

Se trata de una aldea muy pequeña, donde conviven pocas personas y donde ya existían tensiones previas. No hay pruebas directas que permitan identificar a un responsable. Pero cuando el entorno es tan reducido, la incertidumbre deja de ser abstracta y se convierte en una preocupación real.

Ante esta situación, hemos tomado una decisión que nunca imaginamos necesaria en un entorno rural: instalar sistemas de vigilancia en la propiedad como medida preventiva.

El fin de semana del 17 de abril volvimos a la casa de Galicia y vimos que los 2 últimos cipreses que habíamos plantado estaban intactos.

El lunes 20 de abril nos llamaron de la Guardia Civil para confirmar que investigarían nuestra denuncia y nos preguntaron si teníamos enemistad con algún vecino. Le informamos que había una vecina que acosaba al antiguo propietario y que ahora que habíamos comprado la casa, el acoso venía hacia nosotros.

Nos dijeron que comenzarían a realizar las diligencias pertinentes.

Seguimos a la espera de que las autoridades actúen. De que se investigue lo ocurrido. De que, si es posible, se esclarezcan los hechos y se evite que vuelvan a repetirse.

Se suele pensar que los problemas en una vivienda rural tienen que ver con la estructura, la humedad o las reformas. Pero a veces, el verdadero problema no está en la casa ni en la tierra. Está en el entorno humano. Y ese, a diferencia de cualquier obra, no siempre se puede reparar.

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