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Radisson Blu Corniche Abu Dhabi: prometieron opciones veganas y ésto fue lo que encontramos

Durante nuestro viaje a Emiratos Árabes pasamos varios días en Abu Dhabi y decidimos alojarnos en el Radisson Blu Corniche, un hotel bastante conocido por su ubicación frente al mar y por su acceso a un beach club con piscina y playa privada. La elección no fue casual. Antes de reservar hicimos una búsqueda exhaustiva porque había dos cosas que para nosotros eran importantes: encontrar un hotel que ofreciera opciones veganas y, si era posible, que además fuera adults only.

La realidad es que en Emiratos Árabes no encontramos ningún hotel que cumpliera ambas cosas al mismo tiempo. Después de revisar muchas opciones, este hotel fue el que, sobre el papel, parecía adaptarse mejor a lo que buscábamos. Desde el propio hotel nos aseguraron por correo electrónico que tenían opciones veganas y que, en cualquier caso, los chefs estarían encantados de preparar cualquier plato vegano que necesitáramos.

Sin embargo, lo que encontramos al llegar fue diferente.

El hotel está situado frente a la playa Corniche de Abu Dhabi. Desde el complejo se accede a la playa a través del beach club del hotel.

Una de las primeras cosas que nos sorprendió positivamente fue precisamente la playa. Aunque sigue siendo una playa artificial, algo muy habitual en esta zona del Golfo, la sensación general era algo más agradable que la que habíamos tenido en el hotel de Dubai donde nos habíamos alojado antes. En Dubai estábamos rodeados de obras y el ruido de las construcciones era constante. Aquí, al menos, la vista era más abierta y el entorno parecía ligeramente más natural.

Eso no significa que fuera una playa perfecta. Cuando subía la marea también aparecía mucha basura en la orilla.

El hotel contaba con una piscina climatizada exclusiva para adultos, algo que siempre se agradece cuando se busca un espacio más tranquilo dentro de un hotel familiar. Además, el spa tenía jacuzzi, sauna y baño turco, y el gimnasio era amplio y estaba bien equipado.

El check-in y un “upgrade” con sorpresa

Nosotros habíamos reservado la estancia en modalidad all inclusive, que en Emiratos Árabes suele incluir todas las comidas y bebidas del hotel, incluso bebidas alcohólicas en determinadas zonas como la piscina o la playa.

Cuando llegamos a recepción, el personal nos informó de que nos hacían un upgrade gratuito de habitación como cortesía. En principio parecía una gran noticia. Al entrar en la habitación, la primera impresión fue excelente. El espacio era enorme: tenía un salón independiente, un baño de invitados, un dormitorio muy amplio con sofá y un baño principal gigantesco. Todo parecía impecable y claramente superior a lo que habíamos reservado.

Pero la sorpresa llegó enseguida.

La habitación estaba situada en el segundo piso, justo al lado de las máquinas de aire acondicionado del hotel, y el ruido era constante y muy fuerte. Era prácticamente imposible estar en la habitación. Desde el primer momento tuve claro que allí no iba a poder dormir.

A esto se sumaba otro detalle incómodo: el hotel utilizaba dispensadores automáticos de ambientador en diferentes zonas del edificio. El olor químico era intenso y terminaba entrando también en la habitación, por lo que era necesario abrir las ventanas para ventilar.

En esa habitación abrir las ventanas significaba escuchar aún más el ruido de las máquinas.

Finalmente bajamos a recepción y pedimos cambiar de habitación. Nos trasladaron entonces a la habitación correspondiente a la categoría que habíamos reservado originalmente. El problema del ruido se solucionó, pero la nueva habitación era más pequeña y en ella empezaban a notarse algunos detalles de mantenimiento y limpieza que no habíamos visto en la primera.

Un nivel de limpieza irregular

La comparación era inevitable porque justo antes habíamos estado en un hotel en Dubai donde la limpieza era impecable. Aquí la diferencia se notaba. En nuestra habitación daba la sensación de que la limpieza era superficial. Las alfombras muchas veces estaban sucias y parecía que no se aspiraban con regularidad.

En algunas zonas comunes del hotel también se percibía cierta falta de mantenimiento. Los botones de los ascensores a menudo estaban sucios, los espejos tenían marcas y había áreas que claramente no se limpiaban con la frecuencia que uno esperaría en un hotel de esta categoría.

Curiosamente, no todas las instalaciones estaban iguales. El spa y el gimnasio sí parecían bien mantenidos y se veían limpios. Pero la impresión general del hotel no era especialmente buena en ese sentido.

El wifi

El wifi funcionaba correctamente dentro del edificio del hotel, aunque no con la misma calidad que habíamos tenido en el hotel de Dubai, donde la conexión era rápida y estable.

Aquí el principal problema aparecía en la playa. En cuanto bajabas al beach club prácticamente desaparecía la conexión, lo que en un hotel de este tipo resulta sorprendente.

El gran problema del hotel: la comida vegana

Antes del viaje habíamos enviado un correo electrónico preguntando específicamente por las opciones veganas. El hotel respondió que sí había opciones y que, en cualquier caso, los chefs podían preparar platos veganos bajo petición. Incluso avisamos con meses de antelación de nuestra llegada para que el equipo de cocina lo tuviera en cuenta.

Sin embargo, cuando llegamos al buffet descubrimos que prácticamente no había nada que pudiéramos comer. La mayoría de los platos contenían productos de origen animal y muchas ensaladas estaban mezcladas con ingredientes como carne o salsas que llevaban lácteos.

A partir de ese momento empezó una rutina que se repetiría en cada comida. Teníamos que preguntar a los camareros qué platos eran veganos. Como ellos no lo sabían, tenían que llamar a un chef. Luego había que esperar a que el chef saliera de la cocina y explicarle de nuevo qué significa exactamente una comida vegana.

La situación era surrealista porque en varias ocasiones nos decían que un plato era vegano y, cuando preguntábamos si llevaba leche, huevo o mantequilla, respondían que sí. Es decir, ni siquiera el propio personal de cocina tenía claro qué ingredientes llevaba la comida.

Esto hacía que ni siquiera pudiéramos confiar en la información que nos daban.

Comer en el hotel terminó siendo agotador

Cada comida implicaba repetir el mismo proceso de preguntas y esperas. Al final casi siempre terminábamos pidiendo que nos prepararan algo aparte. La solución que nos ofrecían casi siempre era la misma: pasta con verduras.

Además de repetitivo, tampoco era una comida equilibrada porque prácticamente no tenía proteínas vegetales. Ni siquiera eran capaces de preparar algo tan sencillo como arroz con lentejas o arroz con legumbres, que habría sido una solución muy fácil.

No fue hasta los últimos días cuando uno de los chefs decidió intentar ayudarnos un poco más y mandó a comprar tofu. A partir de entonces nos preparaban un plato de tofu salteado con verduras. El problema es que siempre era exactamente el mismo plato, sin ninguna variación.

Esto resulta aún más extraño si se tiene en cuenta que la cocina de la región utiliza una enorme variedad de especias y preparaciones. Con un poco de creatividad se podrían haber hecho muchos platos diferentes, pero parecía que no había interés en hacerlo.

En una de las noches la situación llegó a un punto especialmente incómodo. Cuando llamamos nuevamente a uno de los chefs para preguntarle qué podían prepararnos, nos respondió directamente que no nos iba a preparar nada y que, si queríamos comer algo diferente, debíamos pagarlo aparte. Ante esta situación tuve que bajar a recepción y explicar lo ocurrido. Uno de los managers subió conmigo al restaurante, habló con el personal de cocina y les llamó la atención por lo sucedido. Finalmente apareció otro chef —el mismo con el que habíamos hablado el primer día— para pedir disculpas por lo ocurrido. Sin embargo, más allá de las disculpas, la situación no cambió y seguimos encontrándonos con las mismas dificultades cada vez que intentábamos comer algo vegano en el hotel.

La estancia se alargó por la cancelación de vuelos

Inicialmente íbamos a quedarnos en el hotel hasta el 1 de marzo. Sin embargo, debido al conflicto bélico en Medio Oriente y a la cancelación de vuelos terminamos quedándonos hasta el 6 de marzo. Eso significó varios días más viviendo exactamente la misma situación con la comida.

Llegó un momento en el que estábamos deseando irnos del hotel, simplemente para poder comer con normalidad sin tener que explicar en cada comida qué significa una dieta plant based.

Problemas con las extensiones de estancia

Otro aspecto que nos dejó mal sabor de boca fue la gestión del hotel durante las cancelaciones de vuelos.

El Ministerio de Cultura y Turismo emitió un comunicado indicando que los hoteles debían extender la estancia de los viajeros afectados y facturar esos costes directamente al ministerio. Sin embargo, el hotel no informó al respecto en un primer momento y cuando nos cancelaron el vuelo por primera vez tuvimos que pagar dos noches adicionales de nuestro bolsillo.

Más tarde, cuando descubrimos la existencia del comunicado, pedimos el reembolso de esas noches. La respuesta del hotel fue que no iban a devolver ese dinero y que debíamos intentar recuperarlo por nuestra cuenta.

Además, la gestión de las extensiones era confusa. En algunas ocasiones recepción confirmaba la extensión por teléfono y poco después llegaban correos electrónicos del propio hotel diciendo exactamente lo contrario. Para un hotel de esta categoría, la falta de coordinación resulta sorprendente.

Lo mejor y lo peor del Radisson Blu Corniche Abu Dhabi

Lo mejor

  • Buena ubicación frente a la playa Corniche de Abu Dhabi, con acceso a través del beach club.
  • Piscina climatizada exclusiva para adultos
  • Gimnasio amplio y bien equipado, con suficientes máquinas para entrenar incluso en horas concurridas.
  • Spa con jacuzzi, sauna y baño turco.

Lo peor

  • Falta total de opciones veganas en el buffet, a pesar de haberlo confirmado previamente con el hotel. Desconocimiento por parte del personal de cocina sobre qué significa realmente comida vegana o plant-based. Muy poca variedad en las soluciones que ofrecían (pasta con verduras). La experiencia terminó siendo muy desgastante porque había que preguntar y explicar todo en cada comida.
  • El olor excesivo a ambientador en todas las áreas del hotel es insoportable.
  • Nivel de limpieza irregular en habitaciones y algunas zonas comunes.
  • Wifi inexistente en la zona de la playa.
  • Gestión poco clara de las extensiones de estancia durante las cancelaciones de vuelos.
  • Buffet en general limitado incluso sin tener en cuenta las opciones veganas.

Conclusión: ¿merece la pena alojarse en el Radisson Blu Corniche Abu Dhabi?

Si pudiera volver atrás, no volvería a reservar en este hotel. Es cierto que tiene algunos aspectos positivos; sin embargo, cuando uno pasa varios días en un hotel, la comida se convierte en una parte fundamental de la experiencia. En nuestro caso, el problema con la comida fue tan grande y constante que terminó arruinando completamente la estancia.

Aquí les dejo el enlace a mi canal de YouTube:

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