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Compramos casa en Ourense: Pintura, armar muebles y presupuestos. Parte 3

Hola a todos,

El octavo fin de semana en la casa arrancó con una visita clave: el carpintero vino a ver el problema de los abejorros carpinteros para hacer el presupuesto.

También vino el fontanero, que arregló dos fugas (una en la ducha y otra en la poceta del baño) que no habíamos detectado al comprar la casa. Más vicios ocultos. Ya que estaba, le pedimos presupuesto para estufas de pellets, pero nos propuso algo mejor: una bomba de calor. Frío, calor, deshumidificador y purificador de aire en un solo aparato.

Una persona por TikTok me había recomendado el hipoclorito para quitar las manchas y el musgo de la parte exterior de la casa.

Lo compramos en Amazon y lo rociamos por toda la piedra que aún tenía manchas o musgo. Fue el mejor producto hasta ahora. La piedra quedó casi perfecta.

Aquí tienen las primeras partes de esta historia:

Pintura: del desastre al acierto

Antes de pintar, tuve que remendar toda la terraza. Todas las juntas de las baldosas estaban abiertas y habían rastros de humedad en la parte de abajo. Así que con el cemento de reparación FlexFill reparé una por una.

Luego probé una pintura de poliuretano que parecía prometedora color teja, pero fue un fiasco: se pegaba, se marcaba con cada pisada, y atrapaba toda la suciedad.

Así que pedí otro color de mi pintura epoxi preferida para ver si acertaba ya que el color beige había sido un fiasco.

El domingo pintamos el techo de la entrada al garaje con la misma pintura que habíamos usado para la facha.

Le regalé la librería a un amigo de mi vecina Julieta y por fin se la llevaron. Así, aprovechamos para limpiar y reparar y tapar las grietas de la última fracción del techo que faltaba.

Terminé de arreglar una de las zonas de trabajo colocándole un corcho y una alfombra protectora para la silla del escritorio.

Colocamos la última lámpara que faltaba por lo que también cerramos ese asunto.

En el noveno fin de semana pintamos toda la terraza y su baranda, el muro de una ventana, la barandilla de esa ventana, y la escalera de entrada a la casa.

También pinté un portón metálico donde están las llaves de corte de agua, luz y gas, justo a la entrada del garaje. Todo con la nueva pintura epóxi.

Este finde también fue de visitas técnicas: vino un carpintero para presupuestar la cocina, y también un chico de la empresa Pepe Pisco e hijos para presupuestar sobre todo la reforma del baño.

El sábado por la tarde salimos a ver concesionarios de carros de segunda mano en Ourense, porque también necesitamos cambiar el nuestro.

Después de dos semanas recorriendo Islandia volvimos con energías renovadas. Lo primero fue lo más simbólico: armamos por fin el sofá. Sí, ese mismo que tuvo su propia telenovela de entregas fallidas, cajas perdidas y devoluciones fantasma. También montamos la mesita de IKEA, un juego de dos en uno que encaja perfecto con la estética de la casa: verde oscuro, marrón y negro. El salón, por fin, empezaba a tener alma.

Con ese impulso, pasamos a la terraza. Como ya estaba limpia, pintada e impermeabilizada, aproveché para poner las luces solares que tenía guardadas de Shein.

Ese fin de semana también hicimos una escapada a Ponteareas para ver carros de segunda mano, y milagrosamente encontramos uno que encajaba con lo que buscábamos. Lo reservamos ahí mismo, y ya que estábamos, pasamos por el mercadillo. Compré suculentas a un euro, 2 lavandas, y dos limoneros, uno para Ourense y otro para Porto.

Ya en casa, me dediqué a plantar las suculentas, la lavanda y a podar la hortensia del frente de la casa. También llené con suculentas las cuatro macetas verdes que tenía reservadas para la cocina, pensando en colocarlas cuando esté hecha la reforma. Las plantas ya están listas, aunque la cocina no.

Pintamos el último portón con pintura epóxi, y la escena fue digna de película de terror rural: gusanos pegados en los bordes, mugre de siglos, porquería incrustada. Un asco. Pero quedó limpio, pintado, y con eso tachamos otro pendiente.

Con los portones ya en orden, pasamos al siguiente frente de batalla: las ventanitas del garaje. El propietario anterior había dejado allí unos cristales mal puestos, sellados como pudo con cemento torcido y poco útil. Así que nos tocó rehacer todo: nivelar el muro, mejorar el cemento del marco y rellenar huecos con espuma expansiva. Después de eso, volvimos a aplicar cemento para darle el acabado. Nada de esto fue rápido: nos llevó dos fines de semana enteros, pero quedó como tenía que quedar.

Además, empezamos a limpiar las columnas del garaje, porque mi idea es pintarlas todas de negro, siguiendo el estilo industrial de toda la casa. También aprovechamos para arreglar los acabados de las ventanas, esta vez por dentro, y empezamos a limpiar la canaleta exterior, que llevaba siglos sin tocarse. Nos queda un tramo, pero ya se ve la diferencia.

Como necesitábamos un mínimo de vida normal en medio del caos, compramos una televisión de Amazon, junto con un mueble para colocarla. Compramos también una impresora.

Todo lo que entregaba Correos se convirtió en un drama, porque al no vivir allí entre semana, lo mandaban todo a una oficina que quedaba a 20 kilómetros. Y sin posibilidad de ir a buscarlo entre semana, era como si lo perdiéramos directamente. Así que también tuvimos que perder tiempo haciendo reclamaciones a Amazon y a Correos, cosa que, sinceramente, era lo último que nos faltaba.

Ya casi a finales de julio— quedaba relativamente poco por hacer.

El fin de semana siguiente finalmente terminamos las ventanas del garaje y coloqué cemento en el muro de una de las ventanas de la cocina.

Me volví a reunir con el carpintero para hacer unos ajustes al planning de la cocina.

También vino otro carpintero a inspeccionar la situación de los abejorros carpinteros y quedó en pasarnos el presupuesto. Debíamos reparar la madera afectada antes de que comenzara el invierno.

Finalmente terminamos la limpieza de las columnas del garaje y terminamos la limpieza de la canaleta.

Armamos un escritorio que compramos en Amazon y nos quedamos contentos ya que era de mucha mejor calidad que los de IKEA y mucho más fácil de instalar.

Aprovechando que tenía cemento del trabajo que había hecho en las ventanas, procedí también a comenzar a tapar los huecos de la escalera de piedra de la entrada de la casa.

El segundo fin de semana de agosto yo tenía planificado pintar todas las columnas del garaje con 2 manos de imprimación y 2 manos de pintura negra. La irregularidad de la madera hizo imposible pintar con rodillo y, además, como solo teníamos una escalera, era Diego quién se encargaba de esta tarea.

Solo conseguimos dar la primera capa de imprimación a 3 columnas.

Además, yo me dediqué a hacer tareas más pequeñas como retocar la pintura de la terraza, tapar los huecos de la entrada del garaje, arreglar algunas juntas del suelo del garaje, limpiar las ventanas y mejorar el acabado de la escalera.

El último fin de semana de agosto lo pasamos otra vez en Ourense, siguiendo con la eterna lista de pendientes. Durante la semana anterior nos había llegado la entrega de la vitrocerámica, el horno y el lavavajillas, que quedaron de momento guardados en el garaje a la espera de que el carpintero empiece la instalación de la cocina, en teoría a inicios de septiembre.

Solo conseguimos terminar de pintar tres columnas completas este fin de semana, con su mano de imprimación y sus dos capas de pintura. Quedaron muy bien, pero el resto quedó aplazado.

Con lo que sobraba del cemento, me puse a mejorar un poco los acabados de la escalera de piedra de la entrada, que todavía necesitaba algunos retoques.

También llevamos desde Porto una película aislante que habíamos probado en nuestras ventanas y la colocamos en la cocina: en una de las ventanas y en la puerta principal. La puerta, como es vieja y de mala calidad, no aislaba casi nada, así que la reforzamos un poco. Y la ventana, aunque es nueva, recibe sol directo todo el día y convierte la cocina en un horno, así que también la cubrimos.

Además, llegó por fin la alfombrilla para la zona de trabajo de Diego. Había sido un pequeño dolor de cabeza porque al principio se equivocó de color, hubo que devolverla, pedirla de nuevo, y claro, perdimos bastante tiempo con eso. Pero finalmente este fin de semana se pudo colocar.

Nos quedamos con la sensación de que avanzamos poco, de que el tema de las columnas nos está consumiendo muchísimo tiempo y que probablemente nos lleve un mes entero tenerlas todas listas.

Me sentí muy agobiada y nuevamente me arrepentí de haber comprado la casa porque llevábamos ya 5 meses trabajando y sentía que habíamos avanzado muy poco.

Hasta aquí la casa hasta agosto. En el siguiente post les iré contando cómo siguió todo a partir de septiembre.

Aquí les dejo los enlaces a mi canal de YouTube:

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