Compramos nuestra casa en Ourense en abril de 2025 y, como ocurre a menudo con viviendas de segunda mano, con el paso de las semanas fueron apareciendo algunos vicios ocultos. Por suerte, el antiguo propietario respondió correctamente y fue solucionándolos o pagándolos cuando encontrábamos a alguien que pudiera hacerlo.
Uno de los problemas más serios surgió durante el verano: el alerón de madera del tejado estaba afectado por una plaga de abejorros carpinteros, algo bastante común en Galicia. La madera estaba llena de agujeros, lo que indicaba que no era un problema reciente, sino algo que llevaba tiempo avanzando.

La preocupación era lógica. Cuanto más se retrasara la intervención, más daño sufriría la madera y más caro sería el arreglo. Además, el alerón es de madera de pino, mucho menos resistente que otras como la castaña. Era imprescindible actuar antes de las lluvias de otoño, porque una vez entrado octubre ya no sería viable tratar la madera hasta el verano siguiente.
Yo ya contaba con un carpintero de confianza —el que nos hizo la cocina—, pero este tipo de trabajos de restauración no los realizaba. Pasamos todo el verano buscando a alguien disponible y la realidad fue clara: no había opciones.
Finalmente contactamos con una persona de la empresa Puventer, que vino a ver el problema. El trato inicial fue correcto y la impresión, razonablemente buena.
Poco después nos enviaron un presupuesto de 3.000 euros, que incluía:
- Licencia del ayuntamiento
- Alquiler de andamios (necesarios, ya que el alerón está a casi 4 metros del suelo y rodea toda la casa)
- Tratamiento contra la plaga
- Tapado de los agujeros con masilla de dos componentes
- Lijado y barnizado del alerón completo

No era barato, pero teniendo en cuenta el alquiler del andamio y la licencia, no parecía una cifra absurda.
Les pedimos expresamente que intentaran hacer el trabajo antes del 19 de septiembre, ya que ese día nos íbamos de viaje y queríamos estar presentes para supervisar.
Casualmente el trabajo empezó exactamente el 19 de septiembre, el mismo día que nos marchamos de viaje. Luego nos dimos cuenta de que esto fue a propósito para que no nos diéramos cuenta de que no habían alquilado ningún andamio.
Dejamos encargada a una vecina para que estuviera pendiente.
La primera noche aparecieron muy tarde, pidiéndole a mi vecina que les abriera el garaje para guardar unas escaleras. Algo que me pareció totalmente inapropiado.
Después supimos que el trabajo había durado solo un día y medio, realizado por dos personas, sin andamios, sin licencia municipal y únicamente con una escalera.
Visto así, los 3.000 euros resultan desproporcionados.
Al regresar y revisar el trabajo, detectamos varias irregularidades claras:
- No se retiró un cemento plástico provisional que yo misma había puesto en algunos agujeros.
Se nos había dicho que se quitaría, se taparía correctamente, se lijaría y se barnizaría.
En realidad, simplemente se pintó por encima, ahorrándose parte del trabajo. - No hubo andamios ni licencia del ayuntamiento, pese a estar incluidos en el presupuesto inicial.
Cuando trasladamos nuestro descontento por mensaje, el responsable nos llamó. Primero nos dijo que poner andamios y pedir licencia habría sido más caro para nosotros y que, en realidad, eso no estaba incluido, contradiciendo lo acordado inicialmente. Luego dijo que los andamios eran propios, y que no pagaría ningún alquiler y que por eso, desde el inicio, el presupuesto no contemplaba dicho alquiler.
Durante esa llamada, y solo después de que reclamáramos, el responsable añadió algo nuevo: dijo que había una tabla del alerón medio podrida y que no sabía cuánto tiempo aguantaría.
Si un profesional detecta una tabla podrida cuando está allí viendo el problema, lo correcto es llamar al cliente en ese mismo momento y decir: “Oye, pasa ésto. Podemos cambiar la tabla por X euros más y dejarlo bien”.
Lo que no es aceptable es sacar ese argumento solo después de una queja, como justificación a posteriori de un trabajo mal hecho. Da la sensación de ser una excusa improvisada, no una incidencia real gestionada con transparencia.
Días después volvieron a enviar a las mismas personas con la escalera, sin que el resultado cambiara. Nuevamente molestaron a mi vecina para abrir el garaje, incluso dos semanas después, a las 10 de la noche, para retirar las escaleras.
Este trabajo lo pagaba el antiguo propietario de la casa, al tratarse de un vicio oculto. Por salud mental, decidimos no alargar el conflicto. El problema, de momento, quedó más o menos contenido y en el futuro se podrá abordar con más calma y con alguien realmente competente.
Se hizo el pago y se cerró el asunto.
Como es lógico, dejé una reseña negativa en Google Maps relatando nuestra experiencia. Al hacerlo, vi que la empresa tenía muy pocas reseñas, incluida una negativa de otra clienta con problemas serios de filtraciones tras una instalación mal hecha.
Poco después, mi reseña fue despublicada. Google la retiró tras ser reportada. Casualmente, esa misma semana aparecieron varias reseñas positivas nuevas, muy detalladas, cuando la empresa llevaba años con apenas opiniones.

Cada cual puede sacar sus propias conclusiones sobre la fiabilidad del sistema de reseñas.
No fue una experiencia traumática, pero sí una experiencia decepcionante: falta de transparencia, trabajo mal ejecutado, contradicciones en el presupuesto y excusas que aparecen solo cuando hay reclamaciones.
También es cierto que:
- Era una situación urgente
- No había alternativas disponibles
- No fue una mala elección entre varias, sino la única opción existente en ese momento
Dejo esta experiencia aquí como testimonio y advertencia, especialmente para quienes compran casas antiguas en Galicia y se ven obligados a resolver problemas con prisas y pocas opciones.
Una historia más, y una lección aprendida.
Más artículos relacionados con customer service y experiencias con empresas: