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Mi experiencia (nada ideal) alquilando una campervan en Islandia con Go Campers

Hoy quiero contarte el otro lado de un viaje idílico a Islandia: lo que puede pasar cuando alquilas una camper van y la empresa no está a la altura.

Nosotros alquilamos con Go Campers, una empresa local bastante conocida y con buenas reseñas, al menos en apariencia. Llegamos pasada la medianoche del 18 de junio para recoger la furgoneta, cansados pero emocionados. La entrega fue rápida, demasiado rápida. Nadie hizo una inspección conjunta del vehículo con nosotros (algo que debería ser obligatorio), y simplemente nos dijeron que podíamos sacar fotos al día siguiente.

Poco después nos enviarían unas fotos del vehículo tomadas 3 días antes de la entrega. Es decir, sin prueba real de cómo estaba la furgoneta al momento de dárnosla. Entre eso y el ángulo “casualmente” poco claro de la imagen del parabrisas, ya empezaba a oler raro. Pero aún no lo sabíamos.

Cabe destacar además que el vehículo estaba sucio, el duvet estaba sucio, las almohadas estaban deshechas, etc.

Dos días después de haber empezado el viaje, con más sol y el parabrisas ya sucio, vimos lo que parecía un pequeño golpe en el cristal. Al principio no le dimos demasiada importancia. Pero la mañana del 21 de junio esa pequeña marca ya se había convertido en una grieta. Al arrancar, se duplicó en tamaño en cuestión de horas. Estábamos conduciendo por Islandia con un parabrisas rajado, pensando en qué pasaría si el cristal no aguantaba más.

Escribimos urgentemente a Go Campers pidiendo que nos cambiaran de vehículo por seguridad. ¿Y qué hicieron? Nada.

Nos ignoraron durante días. Recién el 25 de junio contestaron (sin ninguna solución), y cuando volvimos a escribirles pidiendo la sustitución inmediata del vehículo, volvieron a ghostearnos. Así estuvimos hasta el 1 de julio, cuando devolvimos la furgoneta con la grieta mucho más grande, con miedo, y con el estrés acumulado de haber manejado casi dos semanas por carreteras remotas sabiendo que algo podía fallar.

Aquí viene lo peor: cuando devolvimos el vehículo, el empleado que nos atendió no tenía ni idea de lo que había pasado. Le explicamos todo otra vez, y su primera reacción fue decirnos que probablemente tendríamos que pagar por los daños.

Solo cuando insistimos y mencionamos que teníamos todos los correos, que habíamos avisado desde el minuto uno, y que si hacía falta llamábamos a la policía, decidieron “recordar” nuestros mensajes y nos dejaron ir sin cobrarnos.

Pero ya el daño estaba hecho.

Viajar así es agotador. No solo por el miedo a que el cristal se rompiera mientras conducíamos, sino por la incertidumbre, la falta de respuestas y la sensación de estar completamente desamparados.

Lo más indignante es que cuando escribíamos para preguntar información antes de hacer la reserva, siempre respondían de inmediato de la forma más amable posible.

De hecho, cuando no le respondían los emails a Diego, escribí desde mi cuenta pidiendo información sobre un vehículo y a ese correo sí respondieron en menos de 24h.

Go Campers es una empresa que no cumplió ni lo básico: entregar un vehículo en condiciones y estar disponible en caso de emergencia.

Además, es obligatorio por ley hacer una inspección conjunta del vehículo y dar un soporte post venta.

Al llegar a Porto, procedimos a hacer una reclamación ante la oficina del consumidor en Islandia (pagando 35 euros) pidiendo la devolución del importe total que pagamos por los daños y perjuicios que nos causaron por la falta de asistencia y por haber viajado durante 13 días en un vehículo inseguro.

Algunas semanas después, recibimos un email del tribunal arbitral de consumo con la respuesta de Go Campers en la que se negaban a devolver el dinero reclamado. Volvimos a hacer un escrito de respuesta (tal como fue solicitado) y quedamos a la espera de la decisión final.

El 18 de diciembre nos llegó una notificación del sistema y nos encontramos con una respuesta de Go Campers a nuestro mensaje de septiembre (4 meses después) en el que decían que no habían hecho ningún reclamo por el parabrisas roto.

Al final, la reclamación fue rechazada por la Junta de Reclamaciones de Islandia, cerrando el caso a menos que decidamos llevarlo a los tribunales, algo que, siendo realistas, implica contratar un abogado e invertir aún más tiempo y dinero.

Este resultado no solo es decepcionante; plantea serias dudas. Pagamos una tasa para presentar una reclamación como consumidores, seguimos el procedimiento, aportamos pruebas… y aun así el caso fue simplemente desestimado. Da la sensación de que, si no estás dispuesto a escalar todo por la vía judicial con el coste que ello conlleva, la responsabilidad es opcional.

En los últimos años hemos viajado con la idea de encontrar un país en el que establecernos a largo plazo. Islandia tiene muchos aspectos positivos, pero esta experiencia nos ha dejado un sabor de boca amargo. Sugiere que, cuando realmente importa, la protección al consumidor no es tan sólida como cabría esperar.

Basta con ver las numerosas reseñas online para comprobar que este tipo de situaciones se repiten. Y, sin embargo, siguen ocurriendo sin consecuencias reales. Y eso es, en el fondo, lo más preocupante: no solo lo que nos ocurrió, sino la aparente falta de protección efectiva para los consumidores.

Comparto esto no solo desde la frustración, sino como una reflexión para cualquiera que esté pensando en alquilar un vehículo aquí—o incluso en considerar Islandia como un lugar donde vivir.

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