Te cuento todo lo que vi, lo que sentí, lo que vale la pena y lo que no —y al final te dejo mi “balanza” de si Escocia sería un buen país para vivir, según las cosas que siempre observo cuando viajo.
Mi ruta:
- Edimburgo
- Royal Mile
- Edinburgh Castle
- Victoria Street
- Grassmarket
- Arthur’s Seat
- National Museum of Scotland
- De Edimburgo a Inverness
- Stirling Castle
- Loch an Eilein
- De Inverness a Skye
- Urquhart Castle
- Fort Augustus
- Loch Ness
- Eilean Donan Castle
- Isla de Skye
- The Quiraing
- The Storr
- Fairy Pools
- Mealt Falls & Kilt Rock
- Neist Point Lighthouse
- Dunvegan Castle & Gardens
- Coral Beach
- The Fairy Glen
- Sligachan Old Bridge
- Fort William
- Glenfinnan Viaduct
- Ben Nevis
- Glencoe → Loch Lomond
- Glencoe Lochan Trail
- Glencoe Viewpoint
- Rannoch Moor Viewpoint
- Loch Lomond
- Falls of Falloch
- Glasgow
- Merchant City
- Kelvingrove Museum
- University of Glasgow
- Río Clyde
- Glasgow Cathedral

Llegada a Edimburgo: silencio, arquitectura y primeras impresiones
Cuando llegamos a Edimburgo el día 19 (medio día) y luego con el día completo del 20, lo primero que me impactó fue el silencio casi absoluto. No había motos, los autos que circulaban eran casi todos eléctricos o de bajas emisiones, y las zonas low emissions hacían que la ciudad pareciera un lugar futurista.
En Ámsterdam, donde había mucho menos autos en la calle por la cultura de la bicicleta, se escuchaba mucho más ruido.
Caminar de noche rumbo a cenar era un sueño: silencio total.
La primera impresión también fue de limpieza, sobre todo si lo comparo con Porto. Pero al segundo día noté la otra cara: basura y vómitos en las aceras, fruto de la drinking culture británica. Aun así, sigue siendo de las ciudades más limpias y silenciosas que he visitado.
En cuanto a urbanismo, la arquitectura homogénea y sin “ruido visual” me encantó.
Al igual que en Inglaterra, los museos son gratuitos, lo que es un punto positivo a favor del país.
Subimos al Arthur’s Seat, pero si vas con poco tiempo, no lo recomendaría: básicamente subes una roca sin árboles ni nada especial.
Otro detalle curioso: en supermercados casi no encontré opciones veganas, aunque en restaurantes sí hay bastante oferta. Justo lo contrario de lo que me pasó en Ámsterdam.

De Edimburgo a Inverness: castillos desde lejos y el primer contacto con la naturaleza
El día 21 partimos hacia Inverness en auto de alquiler. Pasamos por Stirling Castle, pero no entramos: los precios eran abusivos (entrada + parking carísimo), y en muchos casos ni siquiera se podía ver el castillo desde fuera sin pagar. Esto me recordó mucho a Islandia: esa sensación de que todo está organizado para exprimir al turista, incluso en senderos donde cobraban mínimo 4 £ solo por estacionar.
La recompensa llegó en Loch an Eilein. Hicimos la ruta alrededor de la laguna y fue mágico: árboles altos, colores otoñales preciosos. Fue ahí cuando sentimos que empezábamos a vivir la Escocia idílica que habíamos ido a visitar.

De Inverness a Skye
En el camino visitamos Urquhart Castle (casi imposible de ver desde fuera sin pagar) y el famoso Loch Ness. Bonito, sí, pero nada que me marcara.
La llegada a la Isla de Skye fue un poco agridulce. Es la isla más recomendada turísticamente, la que todo el mundo te dice que hay que visitar, pero para mí no fue lo máximo.
Yo disfruto los bosques densos, con árboles altos, y Skye es todo lo contrario: paisajes pelados, vegetación baja, mucho viento.
Hicimos rutas de senderismo como The Quiraing y The Storr, que fueron agradables, pero sin el nivel de impacto que me han dado rutas en Azores (Terceira, São Miguel), New Hampshire o Peneda Gerês.
Algunas atracciones no me convencieron:
- Fairy Pools: me pareció una estafa. Es básicamente un río con pozas, y además el parking costaba 8 £, el más caro del viaje. Por suerte encontré un estacionamiento gratis más arriba, donde estacionan las campervans.
- Mealt Falls & Kilt Rock: simplemente una pequeña cascada que cae de un acantilado.
- Neist Point Lighthouse: el lugar es bonito, pero nada especial.
- The Fairy Glen: es bonito, pero tampoco nada especial.

Ben Nevis
Durante nuestra estadía en Fort William, descubrimos que todo giraba en torno a Ben Nevis, el pico más alto del Reino Unido, con sus imponentes 1.345 metros de altura.
Aunque inicialmente habíamos planeado hacer solo algunas rutas de senderismo cortas por los alrededores, decidimos cambiarlo por Ben Nevis.
Sabíamos que el Ben Nevis tenía fama de duro, pero ese día llegamos a Fort William con un sol espléndido, calor incluso, sin chaquetas, pensando que no sería tan difícil. No llevábamos ropa técnica, solo lo básico para senderismo, confiando en que el clima sería benévolo.
Según lo que encontramos en Internet, la subida y bajada suman entre 16 y 17 km, y muchas guías estiman unas 7 u 8 horas para completar la ruta, pero nosotros la hicimos en 6 horas, lo cual nos hizo sentir bastante orgullosos.
La mitad del trayecto es una pendiente constante de piedra — tramos con escalones naturales, piedra suelta, caminos irregulares — lo que vuelve cada paso pesado sobre todo con el viento. Si la subida ya exigía, en la cima el viento se transformó en un enemigo brutal: frío cortante que nos puso las manos rojas e hinchadas; apenas pudimos tomar la foto rápidamente antes de iniciar el descenso.
Durante la bajada el frío se hizo más intenso — la sudoración acumulada, el viento helado, el cuerpo ya cansado — y cuando llegamos al carro estábamos congelados. Sin duda fue una ruta durísima, de aquellas que gratifican no solo por la cima, sino por todo el proceso.

Glencoe, Loch Lomond y lo más bonito del viaje
Después de Skye, seguimos hacia Fort William y de allí a Glencoe. El Glencoe Lochan Trail fue una de las experiencias más hermosas: un sendero alrededor de un pequeño lago, tranquilo y precioso. Junto con Loch an Eilein, fue lo que más me gustó de todo el viaje.
En Loch Lomond teníamos planeada una ruta de senderismo para ver el lago desde arriba, pero la lluvia lo arruinó. A cambio, visitamos las Falls of Falloch, una cascada bonita y de fácil acceso (bajar del auto, tomar la foto y listo), aunque tampoco nada espectacular.

Glasgow: mi gran “no”
Llegamos a Glasgow un sábado por la tarde y fue una de las experiencias más desagradables del viaje. Todo estaba lleno de borrachos, gente que apenas podía caminar. En una esquina vimos a un tipo sangrando por la cara, al que la policía estaba intentando ayudar después de haber sido atacado. En otra parte de la calle, personas corriendo y gritando mientras perseguían a alguien.
Los bares tenían la música a todo volumen, con gritos constantes, y en la noche, cuando intentamos dormir, se sumaban los ruidos de gente rompiendo botellas. Fue una atmósfera creepy y nada acogedora.
El día siguiente no mejoró mucho: bares igual de ruidosos, aunque fuera entre semana, vómitos en las aceras, suciedad.
En cuanto a turismo, tampoco tiene demasiado que ofrecer. Recomendaría, como mucho, medio día para ver un par de sitios, pero sin dormir en la ciudad.

La Escocia de las hadas, brujas y leyendas encantadas
Escocia es un país donde el paisaje y las leyendas están totalmente entrelazados. No es solo que haya lugares con nombres de Fairy (hadas), es que la tradición popular escocesa realmente cree en la presencia de seres mágicos en la naturaleza.
En las Highlands y especialmente en las islas (como Skye o Lewis), la figura de las hadas está muy presente. Pero ojo: las hadas escocesas no son siempre dulces ni angelicales como las de los cuentos infantiles modernos. En la tradición celta, las hadas (the fair folk o the good people, como las llamaban para no ofenderlas) eran espíritus de la naturaleza que podían ser tanto benévolos como traviesos o incluso peligrosos si se les molestaba.
Por eso muchos lugares se llaman Fairy algo: son sitios donde, según la creencia popular, las hadas se aparecen, bailan o habitan. Algunos ejemplos:
- Fairy Pools (Isla de Skye): se decía que las aguas cristalinas era donde las hadas venían a bañarse bajo la luna.
- Fairy Glen (Isla de Skye): este paisaje ondulado con colinas pequeñas y formaciones circulares se asociaba a los “anillos de hadas”, donde danzaban invisibles por la noche.
- Fairy Bridge (Isla de Skye): una vieja leyenda cuenta que aquí una princesa hada se despidió de su esposo humano, dejando tras de sí un velo encantado.
Las historias sobre hadas son una mezcla entre advertencias y poesía: hablan de respeto por la naturaleza, de no cortar ciertos árboles (fairy trees, como los serbales o los espinos) y de no construir donde ellas “viven”, porque eso trae mala suerte.
Además de las hadas, Escocia tiene una larga historia de creencias en brujas, maleficios y espíritus. En los siglos XVI y XVII hubo una fuerte persecución de mujeres acusadas de brujería (se calcula que entre 3.000 y 4.000 fueron ejecutadas). Muchas de las historias actuales sobre lugares embrujados derivan de esa época.
Edimburgo, por ejemplo, está llena de leyendas:
- El Grassmarket fue uno de los lugares donde se ejecutaban a las supuestas brujas.
- En los callejones subterráneos, se decía que quedaban atrapadas las almas de los condenados o de las víctimas de la peste.
Por eso, Escocia tiene esa atmósfera entre mística y melancólica: una mezcla de belleza natural, historia trágica y supersticiones que aún sobreviven en el imaginario colectivo.
Sobre los precios en Escocia
Los alojamientos turísticos me parecieron carísimos. Sin embargo, algo que me sorprendió fue que la comida en supermercados era más barata que en Portugal y creo que también más barata que en España. La gasolina estaba más barata que en Portugal, aunque no tanto como en España.
Otro detalle curioso es que, mirando en agencias inmobiliarias, los precios de las viviendas parecían incluso más baratos en relación calidad-precio que en Portugal. En cuanto a gasto eléctrico —por ejemplo, calefacción en invierno—, lo que investigué me dio la impresión de que tampoco es mucho más caro que en Portugal, al menos comparado con el consumo que solemos tener en invierno.
Calidad de los alojamientos
Algo que realmente nos sorprendió durante el viaje fue la calidad de los alojamientos y, en general, de la construcción civil en Escocia.
Ya en un post anterior conté nuestra experiencia con los hospedajes: de cinco lugares en los que nos quedamos, solo uno fue bueno.
Lo que más nos llamó la atención fue la mala calidad de las reformas. Era un verdadero shock ver lo mal hecho que estaba todo: arreglos improvisados, materiales de baja calidad, paredes sin ningún aislamiento acústico ni térmico, ventanas que apenas cerraban bien. Resultaba increíble pensar que, estando en 2025, muchos de estos alojamientos turísticos parecían quedarse anclados en los años 80. Esa sensación de “remiendo constante” nos acompañó en casi todas las estancias, y nos hizo reflexionar mucho sobre el contraste entre la belleza natural del país y lo descuidadas que pueden estar sus construcciones.
Yo que siempre me quejo en Portugal de la mala calidad de la construcción civil y de lo malos que son los albañiles, en Escocia fue todavía peor.
Nos sorprendió muchísimo ver cómo, en pleno 2025, seguían usando sistemas que parecen sacados de otra época. En casi todos los alojamientos, los lavabos tenían los grifos de agua separados — uno para el agua fría y otro para la caliente — en lugar de tener el clásico monomando que mezcla ambas. Así que, o te quemabas o te congelabas, porque no había manera de conseguir agua tibia.
En las duchas, en cambio, habían instalado unos aparatos rarísimos para intentar compensar eso, pero el resultado era una presión de agua bajísima. En conjunto, daba la sensación de haber retrocedido en el tiempo con este tipo de detalles que en el resto de Europa ya no existen desde hace décadas.
Otra cosa que también me sorprendió fue la mala instalación de los suelos. En Escocia colocan moqueta en absolutamente todos los sitios, por el tema térmico, pero me cuesta entender que, en los tiempos en los que vivimos, no exista una alternativa como un buen parqué o un suelo moderno que ofrezca el mismo aislamiento térmico, pero que sea higiénico. La moqueta, al final, es una asquerosidad: en casi todos los lugares a los que fuimos olía a alfombra sucia.
Comer vegano en Escocia: aciertos y desastres
- Black Rabbit (Edimburgo): mi favorito. Volví varias veces. El Full English Breakfast y los huevos benedictinos estaban espectaculares.
- Wee Buddha (Edimburgo): comida asiática sin nada especial, atención fría.
- Novapizza Vegan Italian (Edimburgo): Pésimo. Pizzas quemadas, una hora de espera, mal servicio.
- The Wildcat (Fort William): dulces espectaculares, sobre todo las tortas.
- Cucina (Balloch): uno de los peores sitios donde he comido, intento fallido de italiano.
- Mono (Glasgow): comida buena y porciones abundantes, pero música a todo volumen que arruinó la experiencia.
- Suissi Vegan Kitchen (Glasgow): muy bueno, probé un ramen delicioso, aunque el postre fue pequeño y algo caro.
Mi balanza: ¿Escocia como país para vivir?
Ya saben que cuando viajo, siempre pienso si ese país sería un buen lugar para vivir. Y lo evalúo con mis criterios: salud pública, prostitución, monarquía e igualdad de género.
Salud pública
Escocia tiene NHS Scotland, parte del sistema sanitario británico. La atención básica es gratuita (médicos generales, hospitales, emergencias) y no hay copagos para la mayoría de los servicios. Las medicinas recetadas son gratuitas. No es obligatorio tener seguro privado, aunque algunos lo usan para evitar listas de espera. En zonas rurales hay retos de acceso, pero en general es un sistema público fuerte.
Prostitución
Actualmente, vender servicios sexuales no es ilegal, pero ciertas conductas públicas sí lo son. En 2025 se introdujo un proyecto de ley para penalizar la compra de sexo y dar apoyo a quienes quieran dejar la prostitución. Es decir, Escocia se mueve hacia un modelo nórdico/abolicionista, pero aún no lo ha implementado totalmente.
Monarquía
Escocia es parte del Reino Unido y, por tanto, tiene al rey Carlos III como jefe de Estado. La monarquía es solo simbólica, sin poder político, pero sigue siendo parte de la institución y pagados en parte con el dinero público.
Igualdad de género
Escocia tiene políticas fuertes (plan Equally Safe contra la violencia de género, igualdad salarial bastante avanzada con una brecha de apenas 2,2 % en empleos a tiempo completo). Sin embargo, persisten desigualdades en puestos de poder, representación política y discriminación hacia minorías y personas trans/no binarias.
Algo que me ha sorprendido mucho de Escocia es que no hay peajes. A diferencia de muchos otros países de Europa —como Portugal, donde los peajes son carísimos y aparecen cada pocos kilómetros— aquí las carreteras son públicas, gestionadas directamente por el Estado. Eso significa que no hay empresas privadas cobrando por su uso, y que desplazarse por el país resulta mucho más accesible y justo. Es un ejemplo claro de cómo una infraestructura puede mantenerse bien sin necesidad de convertirla en negocio.
Escocia me dejó contrastes. Por un lado, naturaleza preciosa, paisajes silenciosos, ciudades como Edimburgo que son un ejemplo de movilidad eléctrica y arquitectura homogénea. Por otro lado, precios abusivos en turismo, lugares sobrevalorados y una Glasgow que me resultó insoportable.
¿Viviría allí? Tal vez sí, sobre todo en un lugar tranquilo, rodeado de naturaleza y con acceso a la salud pública robusta y a un país que avanza en igualdad de género. Pero la monarquía y la drinking culture son puntos que me hacen dudar.
Gastos del viaje para dos personas:
Vuelos: 433 euros
Alojamientos: 2234 euros
Alquiler de carro: 208 euros
Transporte (bus / parking / gas): 153 euros
Restaurantes: 522 euros
Supermercados: 96 euros
Total: 3646 euros
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