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Experiencia en el Hotel SANA Metropolitan Lisboa: el error de ubicación que arruinó un off-site de empresa

En octubre de 2025, la empresa en la que trabaja Diego organizó su esperado off-site, esta vez en Lisboa. Venían empleados de todas partes del mundo para pasar unos días de trabajo, conexión y convivencia fuera de la rutina. Todo apuntaba a que sería una experiencia internacional enriquecedora, hasta que apareció el primer gran error: la elección del hotel.

El lugar escogido fue el Hotel SANA de Lisboa, y desde el principio hubo señales de alerta. Lo lógico, en un evento de esta magnitud, sería que quien organiza la logística se asesore bien: preguntar a alguien local —como Diego, que vive en Portugal—, revisar reseñas recientes o, al menos, comprobar la ubicación en el mapa antes de hacer la reserva. Pero nada de eso se hizo.

El resultado: un hotel situado en una de las peores zonas de Lisboa. Ya conocíamos el área, porque en una visita anterior nos habíamos alojado en un apartamento muy cerca de allí y la experiencia no fue buena. Es una zona fea, descuidada, con calles sucias y un ambiente inseguro, donde además los aviones pasan cada pocos minutos haciendo un ruido constante e insoportable. Así que cuando Diego escuchó el nombre del hotel, ya sabía que la ubicación iba a ser un desastre.

Este hotel queda lejos de todo, lejísimo del centro. Para un off-site de empresa, eso es un fallo grave. Lo ideal es que los asistentes puedan tener algo de vida más allá de las actividades programadas: salir a conocer la ciudad, caminar, cenar en un sitio local o simplemente disfrutar del entorno. Pero en este caso, nada de eso fue posible. Lisboa quedó reducida a los muros del hotel.

Un grupo de 25 personas y cero atención al detalle

En total, fueron 25 personas de la misma empresa hospedadas allí. Y cuando un hotel recibe un grupo grande, especialmente de una empresa internacional, uno espera cierto nivel de cuidado, de atención personalizada, de detalle. Al final, no es una pareja o una familia: son 25 huéspedes corporativos, lo que representa un cliente importante en cualquier parte del mundo.

Pero nada de eso se notó. El hotel no ofreció ninguna atención especial, ni siquiera algo tan básico como verificar que todo estuviera correcto con las reservas, las habitaciones o los servicios contratados.

El fallo en la organización (y en el propio hotel)

También hubo errores por parte de la gente de Recursos Humanos que gestionó el off-site. No solo eligieron un hotel con una ubicación pésima —lejos de todo y con un entorno poco atractivo—, sino que no se preocuparon por las necesidades alimenticias del grupo.

Diego, por ejemplo, informó desde el principio que es vegano, y asumió, con toda la lógica del mundo, que el equipo de Recursos Humanos se encargaría de coordinar con el hotel para que el desayuno —incluido en la reserva— tuviera opciones adecuadas. Pero no: no había absolutamente nada vegano.

Ni una leche vegetal. Ni una opción sin gluten. Ni productos aptos para alergias. Nada.

Lo más sorprendente de todo es que estamos hablando de un hotel que se presenta como “cinco estrellas”. En 2025, un establecimiento con esa categoría que no contemple opciones básicas para dietas veganas, celíacas o con alergias alimentarias no solo queda mal, sino que demuestra estar totalmente desconectado de la realidad actual del turismo.

¿Cómo puede un hotel de esta categoría seguir operando sin entender la diversidad alimentaria de sus huéspedes? En una época en la que casi todos los hoteles de gama media ofrecen alternativas, el SANA Lisboa parece haberse quedado anclado en el pasado.

Más allá del hotel: la falta de humanidad en la organización

Para mí, el fallo más grave no viene del hotel, sino de la propia empresa que organizó el off-site.

Más allá de la mediocridad del establecimiento en este sentido, lo realmente inaceptable fue la actitud del departamento de Recursos Humanos, que no tuvo la sutileza ni la humanidad de preocuparse por algo tan básico como lo que iba a comer su propio equipo.

Cuando organizas un off-site internacional, sabes que reúnes personas con realidades y estilos de vida diferentes: gente vegana, celíaca, con alergias o simplemente con hábitos distintos. No hace falta ser un experto en eventos para entender que, antes de confirmar un hotel, hay que asegurar que todas las personas puedan comer dignamente.

Pero no. En este caso, nadie lo pensó. Nadie preguntó. Nadie se tomó la molestia de confirmar si el desayuno incluido en el hotel ofrecía opciones variadas. Una muestra clara de falta de empatía y de profesionalismo.

Porque al final, un off-site no es solo una reunión de trabajo fuera de la oficina: es una oportunidad para cuidar al equipo, motivarlo, hacerle sentir valorado. Cuando ni siquiera se preocupan por lo que vas a desayunar, el mensaje que se transmite es otro completamente distinto.

Un hotel que no está a la altura de sus cinco estrellas

El Hotel SANA Metropolitan Lisboa no es, ni remotamente, un hotel cinco estrellas, por mucho que así se anuncie.

Para empezar, el ruido era constante. Los aviones pasaban cada cinco minutos. El aislamiento acústico era inexistente, así que se escuchaba absolutamente todo. Descansar era misión imposible.

Incluso para quienes no tienen restricciones alimentarias, el desayuno era muy básico, sin variedad ni calidad. En un hotel que presume de cinco estrellas, uno espera productos frescos, opciones variadas, zumos naturales, algo que denote cuidado.

El fitness center era diminuto, sin espacio y con tan poco equipo que resultaba prácticamente inutilizable. El Wi-Fi fue lo único que funcionó con normalidad.

La televisión era vieja y ni siquiera tenía aplicaciones básicas como Netflix. En 2025, eso resulta inaceptable para un hotel que pretende ser de lujo.

El baño estaba anticuado, con bañera en lugar de ducha moderna, y una alcachofa colocada tan baja que una persona alta corría el riesgo de golpearse la cabeza.

Las toallas eran de mala calidad, comparables a las más económicas que se pueden comprar en Ikea, y el colchón estaba viejo y aguado, lo que hacía más difícil descansar bien.

La limpieza era apenas correcta. Sí, había servicio diario, pero sin ese nivel de detalle que uno espera de un hotel cinco estrellas. El centro de reuniones, que supuestamente fue el motivo por el cual Recursos Humanos eligió este hotel, también resultó muy básico.

En resumen, el Hotel SANA Lisboa es un hotel mediocre que se vende como cinco estrellas. No lo es por ubicación, ni por instalaciones, ni por atención, ni por servicio. En el contexto de un evento corporativo internacional, esta elección fue un error tras otro.

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